LA CARA OCULTA DE LAS GRANDES ECONOMÍAS OCCIDENTALES

En la última década las economías mundiales han sufrido una gran recesión que ha superado la Gran Crisis vivida en los años 20 del siglo pasado.

         ​A día de hoy, las economías occidentales viven en una inestabilidad sobrevenida tras la gran crisis económica que ha acarreado consecuencias políticas, creando riesgos políticos como el surgimiento de nuevos partidos políticos con una base populista y los riesgos externos que conlleva el terrorismo, cuyo principal objetivos son los países occidentales y cuyo modo de operar ha cambiado en la última década.

​Las economías más afectadas en la crisis actual son las occidentales, entre ellas, los países del Sur de Europa que han pasado por el purgatorio para que Alemania y Francia les perdonen todos los documentos falseados para entrar en la unión monetaria. El hecho es que todas las crisis económicas suelen desembocar en crisis políticas que acaban en populismos provocando riesgos políticos mundiales como el terrorismo, la desigualdad social o los conflictos internos.
En este sentido, la Unión Europea liderada por  Alemania y Francia , tuvo que rescatar a los países del sur de Europa  para que la política monetaria común no se desvanezca, y estos países han sufrido los recortes en derechos básicos socialdemócratas que han sido impuestos por la Unión Europea y aconsejados por el Fondo Monetario Internacional. Cuando los recortes empezaron a materializarse en los diferentes países del sur, las revueltas ciudadanas que vinieron precedidas por la Primavera Árabe y que en muchos países como en España o en Grecia llenaron las plazas de lemas que cargaban contra la Unión Europea, los recortes, la democracia y el sistema capitalista.  ​​

Europa quedó dañada tras estas revueltas, la idea de la Europa sin fronteras y de la solidaridad quedó empañada y desdibujada por la Europa de las dos velocidades en la que una asfixia a la otra, mientras que la insolidaridad cada vez tiene más cabida. Prueba de ello es la crisis de los refugiados,  que se ha convertido en todo un reto para la Unión Europea y sus valores. ​Esto ha traído como consecuencia el alzamiento de populismos extremistas en los países del sur de Europa, los cuales están jugando un papel fundamental en sus respectivos países creando un clima de inestabilidad política constante. Algo que se refleja también en la actual primera potencia mundial, Estados Unidos, que a duras penas se recuperan de la caída de Lehman Brothers.

En el país de las barras y estrella, el hartazgo ha llevado a la Presidencia a Donald Trump y su populismo vendido desde los medios de comunicación como el empresario hecho a sí mismo. Y es que el miedo ha jugado un papel muy importante en su campaña electoral a pesar de los escándalos y las promesas vacías de fortalecer  las empresas norteamericanas para evitar la deslocalización empresarial. Los valores nacionales y el discurso antiterrorista cobran una gran importancia en su línea de acción principal para restablecer la ley y el orden en el país.
En este sentido, el terrorismo es uno de los riesgos políticos más importantes de la última década. ​Sin embargo, esta amenaza siempre ha estado presente en algunos países. ​Bien es cierto,  el terrorismo del siglo XX ha venido ​enmarcado tanto geográficamente como en el modus operandi de los atentados. Pero, estos últimos años, hemos sido testigos de un terrorismo global proveniente del islamismo más radical. La mayor diferencia con el terror vivido en el pasado es que ningún país está libre de sufrir un atentado terrorista, y el mayor peligro o dificultad de acción en contra radica en que no existe un único modos de actuación.
Y, mientras tanto, en este escenario de inestabilidad, economías emergentes como la rusa o la china se han visto favorecidas por una globalización que han dejado en segundo plano sus regímenes políticos socialistas, dando prioridad a una economía capitalista que los ha hecho crecer. Y es que, Rusia se ha convertido en la gran potencia en sectores energéticos, sobre todo de petróleo y gas natural. Y China, por su parte, va en camino para arrebatarle a los Estados Unidos la hegemonía económica mundial.
Así, las economías emergentes se han ido haciendo un hueco en la economía mundial, entrando con fuerzas en sectores al alza como la tecnología o la energía.
De esta forma, la globalización económica ha permitido a los países emergentes plantarle cara a los países occidentales, cuya mayor preocupación actual es no repetir los errores históricos y cuya semilla siempre han sido las grandes crisis económicas.

¿Se recordarán estos días como aquellos en que EE.UU. se aferró a su pasado a través de chapoteos en un tablero de políticas de exterior errantes, con una Alemania apisonadora y una China que fue haciéndose hueco en la hegemonía mundial?

 

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Alicia Galisteo

Colaboradora